
Yo se que mas de alguno de los que lean esta nota, se habrán puesto a pensar a la hora de disfrutar un exquisito bistec, una deliciosa pechuga de pollo, o una brutal costilla de cordero, en la manera que fue muerto ese animal. No habrá faltado aquel amig@, que mientras te corre el néctar de un bistec por la pera, come un tanto alienado unos zapallos italianos, morrones, carne de soya, tofú o todos esos productos hoy tan de moda.
Es difícil no pensar en el apocalíptico proceso de producción que tuvo aquella presa, mas aún si proviene de una producción industrial, en donde las almas se convierten en números y los corazones en mortadela lisa, allí desde donde nos miran ojos agónicos que nos dicen y nos anuncian que los próximos seremos nosotros.
Quiero que les quede claro que no es un grito de lucha en defensa de los animales, ni lo uno ni lo otro, si no mas bien todo lo contrario(disculpen se me arrancan las cabras al monte) es un grito de lucha en defensa de nuestros instintos, y que acostumbrados a auto reconocernos como grandes seres pensantes, creo que a un no llegamos plenamente a eso y que nuestros instintos superan muchas veces lo racional, por que en verdad comer carne es terrible, pero terriblemente delicioso, el sexo por el sexo, pelearse a muerte por meter el balón dentro de un arco, bañarse desnudos, y la libertad de sentirse animales.